Conejo en salmorejo

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¡Ay Dios! ¡Ay Dios! ¡Voy a llegar tarde!, va gritando el conejo  sosteniendo un reloj de bolsillo, Alicia, ve al conejo mientras estaba sentada a la orilla del río, lo sigue hasta su madriguera y allí comienza su viaje que la lleva al país de las Maravillas, me pregunto cuantas veces nosotros hemos repetido esta expresión a lo largo de nuestra vida, y ningún conejo blanco nos ha guiado hacia ninguna madriguera donde a  cada momento suceden cosas extraordinarias, más bien las madrigueras hacia las que nos dirigimos, lo más extraño que puede pasarnos, es que pasen por alto nuestro retraso y librarnos de una buena bronca.

Fueron los romanos los que considerando a los conejos como una plaga, le pusieron el nombre ” Cuniculus”, ni se les pasaba por la imaginación el comerselos, me encantaría saber el momento exacto que alguien por primera vez, decidió mirar con ojos de deseo al conejo, meterlo en una cazuela y hacer algo, ¿ el hambre?, has escuchado alguna vez el chiste que dice : ” tengo más hambre que el que descubrió por primera vez que los caracoles podían comerse “, pues esto algo parecido.

La ley de caza de 1816 decía que los campesinos tenían derecho a capturar caza menor, conejos, pichones para complementar su dieta, la caza más noble, como siempre era reservada a los más ricos. No voy  a hacer apología de la caza, dormid tranquilos, ya que hoy en día es la cunicultura ( dedicada a la cría de conejos en granjas) quién nos proporciona las piezas, así mismo es quien se encarga de que a nuestras cazuelas llegue tan sabrosa carne, sin tener que echarnos la escopeta al hombro, y con unas garantias de calidad impecables que hace que dicha carne sea una de las más consumidas en nuestro país, pertenece a las llamadas carnes blancas, rico en proteinas, bajo en calorías y grasas, ideal para quienes están a dieta aportando apenas 140 calorías por cada100 gr, recomendado así mismo en dietas bajas en colesterol  por su bajo contenido en sodio, para personas con hipertensión.

Estofados, escabeches, pasteles, en cazuela, arroces, son muchas y variadas las formas en que podemos cocinar esta carne. Cunqueiro nos habla de los conejos recién cazados, envueltos en hojas de castaño, bien adobados con ajo, pimentón y sal, hechos a la brasa y comidos en  los castañares gallegos, acompañados de las castañas asadas, ¿ no te viene el olorcillo?…… ¡ Bahh …. qué poca imaginación! , vaaaale….apunta esta receta.

Ingredientes:

  • 1 conejo con su hígado.
  • 1 cucharadita de pimentón dulce
  • 2 hojas de laurel
  • 1 rama de tomillo
  • 1/2 cabeza de ajos
  • Comino, puedes prescindir de él si no te gusta, una pízca
  • 1 vaso de vino tinto
  • 3 cucharadas soperas de vinagre
  • Aceite de oliva
  • pimienta blanca
  • sal

Elaboración:

Primero cortamos el conejo en trozos pequeños, reservando el hígado. En un cuenco ponemos a adobar los trozos de conejo, se pone encima un chorrito generoso de aceite de oliva, los ajos aplastados el tomillo el laurel , la pimienta y un poco de sal ¡ ojo con la sal !, removemos bien los trozos para que se inpregnen bien con la marinada y dejamos reposar un par de horas, removiendo de vez en cuando. El hígado lo cocemos en agua y  reservamos, cuando haya pasado el tiempo de maceración, sacamos los trozos de conejo y secamos con un papel de cocina y ponemos en una cazuela la cantidad de aceite necesaria para freírlo hasta dejarlo tostado, bajamos el fuego e incorporamos el hígado que machacaremos en el mortero hasta dejar una papilla y le incorporamos a este majado el pimentón, unos dientes de ajo de la marinada el vinagre removemos bien, y a la cazuela con el conejo, vertemos la marinada dejando que se cueza hasta que este tierno, si es necesario añadiremos caldo de carne.

 

 

 

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